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Cuando la tierra tembló, las guardianas de la vida siguieron cuidando

En el Chocó, la partería ancestral no pertenece al pasado. Es un saber vivo que, generación tras generación, ha acompañado la llegada de nuevas vidas y ha sostenido a comunidades enteras. El 10 de agosto, un terremoto golpeó también a quienes ejercen este oficio. Muchas perdieron sus viviendas, pero no dejaron de cuidar. Hoy son ellas quienes necesitan que las cuidemos”

Por: Helen Caicedo Londoño

Las parteras de Quibdó aprendieron a cuidar la vida con las manos y con la palabra. Aprendieron en las casas de sus abuelas, en las conversaciones entre mujeres, en los caminos que comunican una comunidad con otra, en el conocimiento de las plantas y, sobre todo, en la experiencia acumulada de quienes durante años acompañaron a las mujeres antes, durante y después del parto. Ese conocimiento no pertenece únicamente a quienes lo practican. Hace parte de la memoria de las comunidades y de una forma de entender el cuidado que se ha construido desde el territorio.

Por eso, hablar de partería ancestral no es hablar de una postal, de un pasado que se resiste a desaparecer. Es hablar de un saber vivo. De una práctica comunitaria que permanece porque las comunidades la necesitan y porque mujeres y hombres han decidido mantenerla, transmitirla y fortalecerla.

En el Chocó, esa labor adquiere un significado particular. Las grandes distancias, las dificultades de movilidad, la pobreza, el conflicto armado y las brechas en el acceso a servicios básicos han hecho que, durante generaciones, las parteras sean una presencia cercana para muchas familias. Allí donde llegar hasta un centro de salud puede implicar recorrer largas distancias, conseguir un transporte que no siempre está disponible o disponer de recursos que muchas familias no tienen, la partera conoce el territorio, conoce a las familias y acompaña desde la confianza construida durante años.

Su trabajo va mucho más allá de asistir un nacimiento. Es acompañar a una mujer durante el embarazo, orientar a una familia, acompañar la lactancia, reconocer señales de alarma y ayudar a buscar atención cuando es necesario. Es estar antes, durante y después del parto. Es cuidar.

La Organización Internacional del Trabajo ha documentado precisamente el papel que cumplen las organizaciones comunitarias de cuidado en el Pacífico colombiano, en territorios atravesados por el conflicto, la pobreza y una baja presencia institucional. En estos lugares, cuidar no ha sido solamente una tarea, también ha sido una manera de sostener la vida y de mantener unidos los vínculos comunitarios.

Y las parteras han estado allí.

Una labor que se convirtió en organización.

Durante años, muchas de estas mujeres y hombres realizaron su labor desde sus propias comunidades, compartiendo conocimientos y acompañando a las familias desde las posibilidades que tenían. Poco a poco comenzaron también a reconocerse entre sí, a encontrarse en las comunas y corregimientos, a compartir experiencias y a comprender que aquello que cada quien hacía de manera individual podía convertirse en una fuerza colectiva.

Así comenzó a tomar forma ASOREDIPARQUIBDÓ, la Asociación de la Red Interétnica de Parteras y Parteros del Municipio de Quibdó. Su proceso de acercamiento y organización comenzó en 2009 y posteriormente se consolidó jurídicamente. Hoy, de acuerdo con la información suministrada por la organización, reúne a más de 200 parteras y parteros en el territorio.

Pero contar esta historia solamente a través de una cifra sería insuficiente. Detrás de esos más de 200 nombres hay mujeres gestantes que encontraron acompañamiento durante el embarazo, madres que recibieron orientación durante la lactancia, niñas y niños que llegaron al mundo acompañados por conocimientos transmitidos de generación en generación y familias que encontraron una mano cercana cuando las barreras del territorio hicieron más difícil acceder a otros servicios.

Durante 2025 y 2026, alrededor de 70 gestantes, 110 mujeres lactantes, 124 niños y niñas y cerca de 100 familias recibieron acompañamiento. Además, 35 parteras y parteros participaron en procesos de capacitación. Son cifras aproximadas entregadas por la asociación, pero ayudan a dimensionar una parte del trabajo que ocurre detrás de esta red de cuidados.

Y detrás de cada número hay algo que las estadísticas difícilmente consiguen contar. Horas de trabajo, desplazamientos, conversaciones, acompañamientos, conocimientos compartidos y personas que han decidido servir a sus comunidades aun cuando las condiciones económicas no siempre permiten que ese trabajo sea remunerado de manera suficiente.

La vocación ha mantenido viva esta labor. Pero la vocación, por sí sola, no paga un transporte, no compra un kit de atención, no reconstruye una vivienda y tampoco garantiza condiciones dignas para quienes cuidan.

Las necesidades estaban allí mucho antes del terremoto.

Una casa para encontrarse, aprender y cuidar.

En septiembre de 2025, después de años de organización, trabajo y persistencia, ASOREDIPARQUIBDÓ abrió las puertas de su primera Casa de Partería. No fue solamente la apertura de un espacio físico. Fue también el reconocimiento de que esos saberes necesitaban un lugar para encontrarse, fortalecerse y transmitirse.

La Casa nació como un espacio para acompañar a las mujeres durante el embarazo y el posparto, formar nuevas generaciones de parteras, desarrollar talleres comunitarios y fortalecer el diálogo entre los conocimientos ancestrales y las instituciones.

Pero tener una casa no significa que las necesidades hayan desaparecido.

Para que una partera pueda llegar hasta una comunidad necesita transporte. En algunos territorios ese transporte debe ser terrestre y en otros, fluvial. Necesita instrumentos, kits básicos de atención, formación y capacitación. Necesita condiciones que le permitan continuar acompañando a las familias. Y necesita, también, algo que suele olvidarse cuando hablamos de quienes cuidan. Poder sostener su propia vida.

Entonces llegó el 10 de agosto.

Cuando la tierra también golpeó a las cuidadoras

A las 7:34 de la mañana del 10 de agosto de 2026, un terremoto de magnitud 7,4 sacudió el occidente del país, con epicentro en San José del Palmar, Chocó. En Quibdó y otros municipios del departamento, numerosas familias tuvieron que enfrentar daños en sus viviendas y una nueva incertidumbre.

Las parteras no fueron ajenas a esa emergencia.

De acuerdo con la información recopilada por ASOREDIPARQUIBDÓ, alrededor de 623 personas vinculadas a la organización resultaron afectadas y unas 154 viviendas tuvieron algún tipo de afectación. En 54 casos, las parteras perdieron completamente sus viviendas.

Detrás de esas cifras hay familias que perdieron el lugar donde vivían, los bienes que habían conseguido con años de esfuerzo y las condiciones mínimas para reconstruir su cotidianidad. Hay mujeres que tuvieron que preguntarse dónde dormirían sus hijos, cómo recuperarían lo perdido y cómo comenzarían nuevamente.

Pero hubo algo más.

Mientras ellas mismas necesitaban ayuda, continuaron pensando en sus comunidades.

ASOREDIPARQUIBDÓ organizó una olla comunitaria, gestionó y entregó mercados y kits de primera necesidad para personas afectadas por la emergencia. Una organización que también había sido golpeada por el terremoto volvió a convertirse en una red de apoyo para otras familias.

Hay algo profundamente revelador en esa escena. Las cuidadoras también necesitaban ser cuidadas y, aun así, siguieron cuidando.

El terremoto no creó su vulnerabilidad.

El terremoto hizo visible una fragilidad que ya existía.

Antes del 10 de agosto, muchas parteras ya enfrentaban dificultades económicas, problemas de transporte, falta de recursos y condiciones precarias para desarrollar su labor. La propia OIT ha advertido sobre las condiciones de informalidad, la falta de remuneración y la ausencia de protección social que enfrentan muchas personas dedicadas al cuidado comunitario.

Ahora, a esas dificultades se suma la pérdida de viviendas y bienes fundamentales para reconstruir sus vidas y continuar con su trabajo.

Por eso, la recuperación no puede entenderse únicamente como una ayuda momentánea. También significa recuperar las condiciones que permiten que esta red de cuidado siga existiendo en las comunidades.

Un kit de partería puede convertirse en una herramienta para continuar acompañando a una mujer. Un medio de transporte puede hacer posible que una partera llegue hasta una gestante. Un espacio comunitario puede permitir que se formen nuevas generaciones. Una organización con mejores condiciones para sostenerse puede permanecer en el territorio y continuar tejiendo redes.

Y cuando una comunidad cuida a quienes la cuidan, también está protegiendo una parte de su memoria.

Cuidar a quienes cuidan.

De esa urgencia nace “Guardianas de la Vida en Quibdó; cuidar a quienes cuidan tras el terremoto”, una Vaki que busca sumar a personas dispuestas a acompañar a las parteras y parteros afectados por la emergencia.

No se trata solamente de ayudar a reconstruir viviendas.

Se trata de ayudar a reconstruir posibilidades.

Posibilidades para que una partera pueda recuperar herramientas e insumos. Para que pueda desplazarse hasta una comunidad. Para que pueda seguir acompañando a una gestante. Para que pueda formar a otra mujer que, algún día, continuará transmitiendo este saber. Para que la Casa de Partería pueda fortalecerse. Para que una tradición que ha demostrado su importancia en el territorio no quede reducida a un recuerdo.

Pero, sobre todo, se trata de devolver una parte del cuidado que durante tantos años ellas han entregado a los demás.

A veces decimos “guardianas de la vida” y la expresión puede sonar hermosa. Pero detrás de esas palabras hay mujeres concretas. Mujeres con familias, necesidades, preocupaciones y sueños. Mujeres que sienten miedo y que también necesitan descansar, alimentarse y reconstruir sus hogares. Mujeres que perdieron sus casas y que, aun así, después del terremoto siguieron preguntándose quién necesitaba ayuda.

Por eso, esta vez, la pregunta cambia.

¿Quién cuida a quienes han cuidado durante tantos años?

La respuesta también puede comenzar con nosotros.

Podemos apoyar la Vaki. Podemos compartirla. Podemos hablar de la partería y ayudar a que más personas conozcan el valor de estos saberes. Podemos acompañar a ASOREDIPARQUIBDÓ y contribuir, cada quien, desde sus posibilidades, a que estas mujeres y sus familias puedan levantarse nuevamente.

Porque ellas estuvieron allí cuando una madre las necesitó.

Estuvieron allí cuando una familia tuvo miedo.

Estuvieron allí cuando una nueva vida estaba por llegar.

Estuvieron allí en comunidades donde las distancias y las dificultades hicieron del cuidado una tarea todavía más exigente.

Y estuvieron allí después del terremoto, incluso cuando ellas mismas habían sido golpeadas.

Ahora nos corresponde estar allí.

Desde el reconocimiento. Desde la corresponsabilidad.

Cuidar a una partera es cuidar un saber. Cuidar un saber es cuidar una comunidad. Y cuidar una comunidad es cuidar la vida.

Apoya y comparte la Vaki “Guardianas de la Vida en Quibdó: Cuidar a quienes cuidan tras el terremoto.

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Helen Caicedo L.

Administradora de Empresas del Politécnico Grancolombiano y especialista en Liderazgo, Cambio Climático y Ciudades de FLACSO Ecuador. Cuenta con amplia experiencia administrativa en el sector público y solidario, así como en el fortalecimiento de organizaciones de la economía popular y solidaria. Ha liderado procesos administrativos, pedagógicos e investigativos con enfoques territoriales, de género y de justicia económica, integrando conocimientos técnicos con metodologías participativas. Su trayectoria incluye la formulación de estrategias para el fortalecimiento de cooperativas y fondos de empleados, la realización de diagnósticos participativos con actores de la economía popular.

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