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Quieren que nazcan, pero no que vivan con dignidad

Un proyecto de reforma constitucional busca proteger la vida desde la fecundación y modificar el marco jurídico de la interrupción voluntaria del embarazo. Sin embargo, el debate no puede reducirse a obligar a una mujer a continuar una gestación, también debe preguntarse qué condiciones encontrará después del parto y qué condiciones de vida podrá ofrecer el país a quienes nazcan.

Por: Mayra Alejandra Restrepo Sabaleta


El representante David Gerardo Cote Rodríguez presentó, junto con integrantes de la denominada bancada provida, un proyecto de acto legislativo que propone modificar el Artículo 11 de la Constitución para establecer la protección de la vida desde la fecundación. La iniciativa podría afectar el marco constitucional y jurisprudencial que actualmente regula la interrupción voluntaria del embarazo en Colombia.

No es jurídicamente preciso afirmar que el proyecto puede “anular” o “revertir” automáticamente la Sentencia C-055 de 2022. Lo que busca es cambiar el fundamento constitucional sobre el cual se ha desarrollado esa jurisprudencia y abrir la puerta a nuevas restricciones.

Mediante la Sentencia C-055 de 2022, la Corte Constitucional determinó que el delito de aborto solo se configura cuando la interrupción del embarazo se realiza después de la semana 24 de gestación. Superado ese plazo, continúan vigentes las tres causales reconocidas desde 2006: riesgo para la vida o la salud de la mujer, malformación fetal incompatible con la vida y embarazo producto de violencia sexual, inseminación no consentida o incesto.

La propuesta revive una vieja discusión, ¿defender la vida significa únicamente conseguir que un embarazo llegue a término? ¿O supone garantizar condiciones dignas para las mujeres, las familias, las niñas y los niños antes y después del nacimiento?

Quieren que den a luz, pero las dejan solas

Quieren que las mujeres sean madres, pero el mercado laboral sigue castigándolas por asumir responsabilidades de cuidado. Durante el trimestre móvil marzo-mayo de 2026, el 46,4 % de las mujeres en edad de trabajar se encontraba fuera de la fuerza laboral, frente al 22,9 % de los hombres.

También persiste una profunda desigualdad en el acceso al empleo. En ese mismo periodo, la diferencia entre las tasas de ocupación de hombres y mujeres fue de 23,8 puntos porcentuales, de acuerdo con la Gran Encuesta Integrada de Hogares del DANE.

Quieren que den a luz, pero después muchas madres encuentran contratos precarios, informalidad, desempleo, salarios insuficientes y servicios de cuidado inaccesibles. En las entrevistas laborales todavía deben enfrentar preguntas sobre quién cuidará a sus hijos, cuántos piensan tener o si podrán cumplir jornadas que parecen incompatibles con la vida familiar.

No basta con reconocer una licencia de maternidad si, cuando termina, la mujer regresa a un empleo inestable o descubre que su maternidad se convirtió en un obstáculo para ser contratada, ascender o conservar su trabajo.

Quieren niños, pero no garantizan una vida digna

Quieren que nazcan más niños, pero muchas familias deben sobrevivir con ingresos insuficientes para cubrir alimentación, transporte, vivienda, educación y servicios públicos. Quieren nacimientos, pero no siempre respaldan salarios que permitan sostener dignamente un hogar.

Quieren familias numerosas, pero ofrecen viviendas cada vez más pequeñas a precios que consumen buena parte del ingreso familiar. Hablan de proteger el hogar, mientras acceder a una vivienda adecuada se convierte en un privilegio y no en un derecho.

Quieren defender a la familia, pero normalizan que madres y padres trabajen de sol a sol y apenas tengan tiempo para acompañar a sus hijos. La vida familiar no puede sostenerse cuando las jornadas extensas, los bajos salarios y la inestabilidad laboral obligan a elegir entre cuidar y sobrevivir. Colombia cuenta con normas que reconocen a niñas, niños y adolescentes como sujetos de especial protección. El problema es la distancia entre ese reconocimiento y sus condiciones reales de vida.

Durante el trimestre octubre-diciembre de 2025, alrededor de 300 mil niñas, niños y adolescentes entre los 5 y los 17 años trabajaron en Colombia. No se trata solamente de una cifra, son menores que, en muchos casos, deben participar en la actividad económica familiar, ayudar con los gastos del hogar o aportar para financiar sus estudios.

La vida no termina en el parto

Ser verdaderamente provida debería significar mucho más que exigir la continuación de un embarazo. Debería implicar la defensa de la autonomía y la salud de las mujeres, licencias suficientes, empleos estables, salarios dignos, vivienda adecuada, educación pública, alimentación, atención sanitaria y sistemas de cuidado que permitan criar sin caer en la pobreza.

Debería significar que una madre no sea rechazada en una entrevista laboral por tener hijos; que un padre no tenga que perderse la infancia de los suyos por trabajar doce horas diarias; y que ningún niño o adolescente deba abandonar sus estudios para ayudar a sostener su hogar.

Una política que obliga a una mujer a dar a luz, pero después la abandona frente al desempleo, la precariedad, el hambre y las cargas de cuidado, no protege la vida. Protege el nacimiento y se desentiende de todo lo que viene después. Defender la vida exige garantizar que quienes nacen puedan crecer con dignidad y que quienes los cuidan puedan hacerlo sin violencia, sin explotación, sin pobreza y sin renunciar por completo a sus propios proyectos.

La verdadera pregunta es quién está dispuesto a defender la vida con derechos.

Mayra Restrepo

Comunicadora Social – Periodista de la Universidad de Antioquia y especialista en Comunicación Organizacional de la Universidad Pontificia Bolivariana. Educadora en procesos no formales con enfoque en metodologías participativas. Ha coordinado proyectos de cooperación internacional en torno al diálogo social, así como estrategias de comunicación pública y campañas educomunicativas. Cuenta con experiencia en la formulación, planeación y monitoreo de proyectos con enfoque de derechos, lo que le ha permitido consolidar un perfil integral entre la gestión operativa y la comunicación estratégica.

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