¿Cuál es la diferencia entre salario mínimo y salario vital?
Una manzana cuesta 2 pesos y usted tiene, con exactitud, esos mismos 2 pesos, ni más ni menos, así que procede a comprar la manzana y no puede pensar en el banano, ni en ropa, ni en un mejor almuerzo, ni en que su novio cumple años, tampoco en regresar a casa en taxi si llueve muy duro. Eso es salario mínimo. Ahora imagine que la manzana cuesta 2 pesos y usted tiene 6, puede comprar la manzana y, con suerte, un banano, también puede pensar si es preferible coger un taxi cuando llueva, puede respirar un poco, no está nadando en la abundancia, pero tampoco caminando permanentemente al borde del hambre. Eso es salario vital.
Por: Giancarlos Delgado H.
Cada fin de año en Colombia se define el aumento del salario mínimo, un proceso que suele generar amplios debates por dos razones principales. En primer lugar, porque de ese incremento depende, en buena medida, la posibilidad de mejorar o precarizar las condiciones de vida de millones de personas trabajadoras en el país; en segundo lugar, porque el salario mínimo se utiliza con frecuencia como un referente para evaluar el desempeño general de la economía del país. En este artículo nos centraremos en el primer aspecto.
¿De qué estamos hablando cuando decimos “salario mínimo” en Colombia?
El salario mínimo mensual legal vigente es el monto básico que, por ley, debe recibir una persona trabajadora en Colombia por una jornada laboral ordinaria, y busca garantizar un ingreso para la subsistencia y nada más. Su valor es fijado anualmente por el Gobierno nacional, con base en criterios económicos y sociales, y aplica como piso salarial obligatorio.
Esto de los “criterios económicos y sociales” para el aumento, en realidad, ha sido un formalismo en las últimas décadas, desde los años 2000 el salario mínimo sube principalmente de acuerdo con la inflación, que es el aumento generalizado de los precios de bienes y servicios en una economía y que reduce el poder adquisitivo del dinero con el paso del tiempo. Lo anterior deja en evidencia un aspecto central: el aumento no genera mayor poder adquisitivo, sino la posibilidad continua de comprar lo mismo que se compraba el año pasado, más que un aumento real, es apenas una actualización para no perder.
Una particularidad relevante del aumento del salario mínimo en el último gobierno, que suele diluirse en lecturas economicistas o alarmistas (que se van a despedir trabajadores, que no se va a poder pagar el monto, etc.), es el cambio en su comportamiento real. El crecimiento anual del salario mínimo real se ha ubicado en un promedio cercano al 3,1 %, claramente superior al 1,5 % observado en administraciones anteriores, lo que rompe con una tendencia histórica de aumentos que apenas compensaban la inflación.
La trayectoria del salario mínimo real muestra, además, que desde 2021 los incrementos se han mantenido de manera consistente en terreno positivo y en niveles históricamente altos, evidenciando que, a diferencia de lo ocurrido durante décadas, los ajustes recientes no solo han contenido el aumento del costo de vida, sino que han significado ganancias reales en el ingreso laboral, con impactos directos en la capacidad de consumo y en la reducción de la pérdida sistemática del poder adquisitivo de los trabajadores y trabajadoras.
Por otro lado, Colombia muestra señales claras de una recuperación económica y un fortalecimiento del mercado laboral en 2025, con proyecciones del PIB creciendo cerca de 2,6 %, por encima del promedio regional y reflejo de una actividad interna más dinámica, gracias al impulso del consumo y la inversión, y con una tasa de desempleo que se ha reducido a niveles cercanos al 9 – 9,5 %, las más bajas en la última década, lo que en conjunto indica un panorama laboral más prometedor para el país.
Una conclusión sencilla es que el aumento del salario mínimo por encima de la inflación no genera desempleo ni estanca el crecimiento económico, y esto no es un invento evento de la izquierda o el progresismo, lo dicen las estadísticas, lo respalda el DANE. Lo anterior no es un tema menor, teniendo en cuenta que de ese aumento sobreviven 2,4 millones de personas ocupadas en Colombia, equivalente al 10% de trabajadores y trabajadoras del país.
Un cambio de enfoque: el salario vital
El salario vital es una propuesta pensada desde la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que pone el foco en algo básico pero frecuentemente ignorado en el debate salarial: cuánto ingreso necesita realmente una persona trabajadora para vivir con más de lo estrictamente necesario, y no se trata de una cifra cualquiera, sino de un cálculo que debe considerar las condiciones económicas y sociales de cada país, así como una remuneración justa en función del trabajo realizado y de las horas efectivamente trabajadas.
En esa línea, en diciembre de 2025 la OIT presentó ante la Comisión Permanente de Concertación de Políticas Laborales y Salariales un estudio que estimó el valor del salario vital para Colombia, con el propósito de aportar un insumo técnico y político a la discusión tripartita (Estado, empresa y sindicatos) del salario mínimo que, año tras año, se da en este espacio clave para el mundo del trabajo.
Para estimar el salario vital en Colombia, la Organización Internacional del Trabajo partió de una base concreta: los datos de la Encuesta Nacional de Presupuestos de los Hogares en su última publicación disponible, correspondiente a los años 2016–2017. A partir de esta información, la OIT estructuró el cálculo alrededor de cuatro grandes grupos de gasto que reflejan las necesidades reales de los hogares colombianos: alimentación, vivienda, salud y educación, y un conjunto de otros gastos esenciales que forman parte de la vida cotidiana.
En el caso de la alimentación, el cálculo se apoyó en los requerimientos calóricos recomendados por la FAO y la OMS, incluyendo una distribución nutricional adecuada de proteínas, carbohidratos y grasas, con base en estos estándares internacionales, se identificó el costo que implica para una familia colombiana promedio cumplir con una dieta suficiente y balanceada.
Así, se estimó que en 2017 una familia de cuatro personas destinaba mensualmente alrededor de 698.115 pesos a alimentación, mientras que para 2024, como ejercicio de proyección, ese gasto ascendía a 1.288.654 pesos mensuales, reflejando el impacto sostenido del aumento en el costo de los alimentos.
La vivienda fue medida a partir de condiciones mínimas que deberían cumplir los espacios habitacionales, como la durabilidad de los materiales de construcción, la calidad de las instalaciones y el acceso adecuado al agua y a los servicios públicos. Bajo estos criterios, la OIT estimó que en 2017 el costo mensual promedio de la vivienda, sumando arriendo y servicios públicos, era de 500.842 pesos, cifra que para 2024 se proyectó en 711.780 pesos, impulsada principalmente por el aumento en los cánones de arrendamiento y las tarifas de servicios.
En cuanto a salud y educación, el estudio tomó como referencia los gastos mensuales efectivos que realizan las familias en estos dos rubros, para 2017, el gasto combinado en educación y salud se ubicaba en 106.994 pesos mensuales, mientras que para 2024 este valor aumentó a 154.606 pesos, estos costos siguen representando una carga significativa para los hogares.
Finalmente, el componente de otros gastos esenciales agrupa todos aquellos desembolsos que no están incluidos en alimentación, vivienda, salud o educación, pero que son indispensables para la vida diaria, como transporte, vestuario y otros bienes y servicios básicos. En este rubro, la OIT estimó un gasto mensual de 619.460 pesos en 2017, cifra que para 2024 se proyectó en 827.549 pesos.
Consolidando todos estos componentes, la OIT estimó que el salario vital para una familia promedio de cuatro personas en Colombia para el año 2024 debería alcanzar los 2.147.731 pesos mensuales. No obstante, al considerar que en los hogares colombianos el número promedio de personas ocupadas es de 1,5 trabajadores, el ingreso mensual que debería percibir cada uno de ellos para alcanzar ese umbral se sitúa en aproximadamente 1.198.864 pesos.
Incorporar la medición del salario vital en la discusión sobre el aumento del salario mínimo no es un ejercicio técnico menor, sino una herramienta clave para enfrentar las brechas de desigualdad persistentes en el país. Implica reconocer que el salario mínimo no debería limitarse a garantizar la mera supervivencia, sino contribuir de manera efectiva a mejorar las condiciones de vida y al desarrollo integral de quienes sostienen la economía con su trabajo.
Conclusión
La diferencia entre salario mínimo y salario vital radica en que mientras el primero se centra en el aumento de precios (en esa “gran” economía del PIB, inflación, deuda pública, entre otros), el otro pone el énfasis en el trabajo que hace que la economía funcione. Una habla de números, otra habla de seres humanos.




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