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Aída Avella: la voz que el exilio no calló

Colombia ha sido, durante décadas, un país atravesado por emociones tristes, duelos no resueltos y silencios impuestos. Su historia reciente está marcada por ciclos de violencia que han dejado millares de víctimas, verdades aplazadas y casos sin resolver. Un país durante mucho tiempo desmemoriado por la violencia sistémica, que ha buscado, recientemente, hablar desde sus entrañas y darle lugar a las reivindicaciones de lo que ha dolido en distintos procesos de memoria y de construcción de paz. 

Por: Sebastián Delgado


Los esfuerzos orientados a la reconstrucción del tejido social han coexistido con sectores que se niegan a la paz, aferrados a concepciones absolutas del enemigo que, hace cuatro décadas, desembocaron en uno de los episodios más graves de violencia sistemática en el país: el exterminio de la Unión Patriótica. Entre 1985 e inicios de los 2000, miles de líderes, militantes y simpatizantes de este partido —surgido en el marco de los acuerdos de cese al fuego entre el gobierno de Belisario Betancur y las FARC— fueron asesinados o desaparecidos en un contexto atravesado por la estigmatización, la connivencia entre actores armados y la indiferencia del Estado frente a un genocidio político.

La historia de Aída Avella se inscribe en ese contexto, pero también lo desborda. Sobreviviente del exterminio, exiliada tras un atentado y regresando a un país que aún no terminaba de reconocer plenamente a sus víctimas, su trayectoria condensa una experiencia colectiva atravesada por la violencia y la resistencia en la lucha por la memoria, la verdad histórica y la reparación. A la vez, se ha constituido en una voz activa en la defensa de los derechos humanos, en la exigencia de garantías para la oposición y en la construcción de paz como horizonte político. 

Sebastián Delgado: Nos gustaría, senadora, que nos cuente ¿Cómo nace la aspiración al servicio, de donde viene, como termina involucrándose en el mundo de lo social y lo sindical en la defensa de derechos?  

Aída Avella: Todo nace de una situación familiar muy compleja,  pierdo a mi padre a los catorce años, somos ocho hermanos  que quedamos sin padre y una madre que le toca hacer de todo. Me toca estudiar muy rápidamente, pase en la Universidad Nacional y casi que no termino una carrera porque me tocaba trabajar para ayudar a mis hermanos. Pero también nace de hechos que se han presentado, la vida es así, fui maestra rural en un pueblo de la Cordillera cerca al Nevado del Ruiz que se llama Falan. Allí  obtuve mi primer doctorado: no uno colgado en la pared, sino el que se aprende en contacto directo con las comunidades campesinas, esto me permitió desarrollar la convicción de que hay personas orientadas genuinamente a solidarizarse, compartir y servir  de los demás, estas personas son la gran mayoría del pueblo colombiano, mientras tanto sufrimos las consecuencias de las acciones de quienes se  creen elegidos para poder saquear un país como Colombia.

S. D: Nos habla de una vocación de servicio, también haciendo la reflexión de que no todos los mandatarios o quienes llegan al poder tienen esa misma vocación. ¿Qué valores o principios no está dispuesta a negociar en su vida política? ¿Siente usted que esto de la vocación al servicio es un elemento diferencial en su forma de hacer política?

Aída Avella: Sí. Yo, por ejemplo, no compro un voto en el país. Yo hago trabajo y estoy siempre con las comunidades, soy la persona que más recorre, no hay otro que lo haga, incluso los congresistas me preguntan ¿como hago para ir a tantas zonas y veredas? , les devuelvo la pregunta ¿ustedes por qué no van?, tienen los mismos dos carros que yo tengo a disposición y ¿por qué no lo hacen?. Yo creo que es porque le tienen miedo a las comunidades, porque les ofrecen tonterías, les compran el voto y se mantienen al margen para no rendir cuentas. En cambio, a nosotros simplemente la gente nos solicita y si podemos ayudar, ayudamos.

S. D:  Desde su perspectiva, ¿Cuáles son los principales desafíos en cuanto a lo económico, el tema del trabajo y el empleo en el país? 

Aída Avella: Me tocó vivir por fuera como fruto de la persecución y allí entendí como un país que no tiene una gota de petróleo, un gramo de oro, plata o carbón puede ser tan desarrollado. Tienen una manera diferente de concebir la economía, toda su economía está basada en la microindustria con altos grados de especialización productiva, esto va desde relojes de lujo hasta componentes aeronáuticos e incluso medicamentos, compitiendo en el mercado mundial en estos sectores sin la necesidad de grandes extensiones de tierras o gran cantidad de recursos. Por otro lado, nosotros contamos con una inmensa riqueza natural y geográfica, pero no aprovechamos nuestras propias capacidades productivas. Por ejemplo, estuvimos visitando la fábrica de INDUMIL, nos dimos cuenta de las posibilidades de reconvertir infraestructura estatal existente para diversificar la producción hacia maquinaria agrícola y componentes industriales que el país necesita, que ayudarían a la construcción de paz y a la atención de contingencias como la del Caribe. Además, a través de la siderúrgica se  abre una posibilidad de crear trabajo calificado en múltiples niveles. 

S.D: Frente a este tema de concatenar el Estado, las empresas públicas del Estado y las comunidades, que por lo que escucho es su apuesta principal en términos de  empleabilidad y defensa de derechos laborales ¿puede hablarnos un poco más de ellos, de esas propuestas que maneja en términos empleabilidad y defensa de derecho al trabajador?

Aída Avella: La apuesta está en la maquinaria verde y la modernización del campo para que el campesino pueda trabajar, el Estado tiene como hacerlo, el Estado tiene necesariamente que traer la maquinaria verde. Es tecnología agrícola y ecológica disponible en mercados como el chino que tiene máquinas de todo tipo y tamaño que permiten optimizar procesos productivos al usar la cascarilla para arreglar la tierra, sembrar las matas, pero también brinda la posibilidad de que los jóvenes se enamoren del campo al facilitarles el trabajo  porque sino terminan en las urbes en empleos precarizados mientras el campo necesita manos y mucho trabajo productivo. Con ello,  podríamos ser un país exportador de alimentos para el mundo porque nadie tiene esta posibilidad que tenemos nosotros sobre el trópico, con dos fronteras de mar enormes, este país es privilegiado en su situación geográfica y, sin embargo, carecemos de una flota mercante propia porque quienes estaban construyendo país decidieron que no era importante. 

En cuanto a la defensa de los trabajadores, he sido durante mucho tiempo dirigente sindical, cuando llegue del exilio me encontré con que todo eso lo habían recortado gobiernos de derecha. En Colombia hay una clara distinción de polos opuestos: quienes defienden y buscan ampliar derechos para los pobres y los trabajadores y, por otro lado,  quienes recortan el acceso a derechos, a las tierras y desplazan gente. 

S.D: En medio de lo que hemos venido hablando, se ha demarcado la existencia de dos frentes con visiones opuestas en cuanto a las formas de construir y pensarse el país. Siendo este mismo un país marcado fuertemente por la violencia y la intolerancia ¿cómo concibe usted desde el proyecto progresista la construcción de paz más allá de lo que ya se ha logrado con los acuerdos que han sido implementados?

Aída Avella: Hay que dialogar y reflexionar con quienes tienen las armas porque detrás de cada combatiente hay familias que también sufren y buscan una salida. ¿Por qué no pensar este país para que pudiéramos disfrutarlo todos? En estos procesos de paz tendemos a ver fuertes ciclos de reciclaje de la violencia porque no entendemos que en este país pueden haber posibilidades para todos, Colombia no es solo es el país de la vida, es también el país de las posibilidades y el país de la iniciativa, porque uno lo ve en las mujeres del Boyacá que casi sin elementos tejen e hilan, o las comunidades indígenas también desde sus propias iniciativas hacen obras de arte y artesanías,  entonces uno ve muchas formas en que los pueblos sacan adelante el diario vivir en medio de la persistencia y resistencia a la desigualdad. Hay muchas iniciativas, pero necesitamos organizar la economía porque no pueden haber funcionarios que se ganen quinientos a mil doscientos millones en las notarías de Bogotá, con esos sueldos públicos puede fortalecerse el presupuesto nacional para redirigir recursos a la inversión productiva y el desarrollo territorial, brindar condiciones de dignidad.

S.D: Bueno, en el recorrido de lo que hemos hablado se puede decir que hay una clara apuesta agraria en relación con la construcción de paz, condiciones para el trabajo y la dignidad. Como última pregunta me gustaría saber ¿cómo quisiera seguir construyendo su legado en el Senado y que mensaje le dejaría a aquellas persona que aún no han decidido su voto?

Aída Avella: Yo creo que son cosas muy sencillas, pero difícil entender en un contexto en el que la dirigencia política y gubernamental nunca ha salido de este país y creen que es lo único que hay en el mundo. Nosotros tenemos un millón doscientos mil leyes vivas, pero ningún país se maneja con un millón de leyes, porque este absurdo en el exceso de leyes se termina convirtiendo en un problema para el desarrollo. Quienes lleguen al Congreso deben dejar de lado el proponer leyes basura y sin fundamento en el beneficio del país, es importante enfocarnos en crear grandes reformas en salud y en lo agrario discutidas desde todas las aristas pero de una manera seria y concertada que nos permita brindar nuevas expectativas de país para los jóvenes del futuro.  

La vida de Aída Avella se ha construido en la resistencia, la confrontación con el poder y la búsqueda de la reparación y la verdad . En su voz convergen las tensiones entre participación democrática y violencia estatal o paraestatal, así como las contradicciones de un Estado que ha oscilado entre garante de derechos, escenario de victimización y victimario.

Sus apuestas por la construcción de paz en el país son el eco de de un proyecto político que aún luego de haber sido violentado sistemáticamente resiste y despliega un arsenal de esperanzas renovadas en la construcción de una Colombia incluyente, tolerante y pensada conscientemente desde las necesidades de su población. En este sentido, su defensa de reformas estructurales en materia agraria y laboral es, a su vez,  una apuesta por reconfigurar las relaciones del poder que han sostenido históricamente la precarización del trabajo y la concentración de la tierra como pilar de la acumulacion, entendiendo que la paz implica necesariamente la democratización económica y la ampliación real de derechos como  condición sine qua non para las garantías de no repetición.


Sebastián Delgado

Politólogo de la Universidad Nacional de Colombia, interesado en estudiar el racismo, y las condiciones laborales de trabajadores de la economía popular. Sebastián es, actualmente, voluntario de la Corporación Voces por el Trabajo.

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